De ojos rojos y piel irritada

He vuelto más morena que un carbón, creo que ya me pueden contratar en el Barça.
Muchas risas, mucha tranquilidad, demasiado sol y quemaduras, muchísima agua (en remojo todo el día) de piwi a la mar y viceversa, un poquito de mates antes de caer rendida, muchos animales marinos y objetos hinchables, demasiadas bromas con mis zapatillas.
Hacía tiempo que me tenía que sacar mi madre del agua para obligarme a ir a comer, desde pequeña casi. Qué playa más molona y qué majos son todos los valencianos (aunque sean los enemigos mortales de catalunya), muy simpáticos sí señor. Perdí mi oportunidad de conseguir una colchoneta del Barça (la colchoneta de los campeones), pero sólo quedaba una y la quería un niño, y claro, hay que fomentar a la afición más joven, así que se la legué elegantemente y acabamos rebentando una cualquiera. Algo que objetar: qué de niños, virgen santísima, creí que me iba a librar de la costumbre de mirar por donde pisaba cuando se acabase el instituto. Pero no. Que vivan los inmigrantes de África subsahariana.
Muchas compras, muy poca comida, he vuelto más delgada, Luis se va a poner contentísimo, ahora sí que me van a explotar ya me podría mandar a las Olimpiadas. Salvo el último día por la noche, qué pizza y qué tortitas más buenas que comí en aquel restaurante, qué delicia. Muchas fotos con la cámara nueva, una maravilla de máquina.
Y finalmente la mercancía, muchos muchos muchos tíos buenos, qué alegría de visión. Habría vuelto con méritos si no me hubiese acordado constantemente del ábaco romano del siglo XIII a.C. Una pena.
El viaje un poco duro, pero fue peor el avión (aunque mole mil veces más) del año pasado, que nos pusieron el aire acondicionado a tope y encima no salía el tren de aterizaje. Como si tu opera un interno, vaya.
•Posthuman – MM




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